Cuentos y refranes que matan nuestras mentes. Te sorprenderás.

Cuentos y refranes que matan nuestras mentes. Te sorprenderás.

José Vicente RojoBy José Vicente Rojo 2 semanas ago
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Es un hecho científico que nuestra mente se basa en programaciones mentales, creencias y patrones que vamos tejiendo con el paso de los años, para con ello, vivir nuestro día a día y determinar aquello que hacemos, nuestras decisiones y por lo tanto, nuestro devenir. ¿has pensado cómo en esa programación han podido influir los cuentos y refranes que nos dicen desde muy niños como “verdades populares”?

Al menos en mi caso, cuando era niño, era muy común que en el barrio, la familia, amigos o gente cercana, tuvieran por ahí siempre en la recámara un refrán puntual para un hecho o pensamiento específico, como “verdades absolutas” incuestionables que se aceptaban sin cuestionamiento alguno, incluso en ciertos entornos, daba prestigio a quien lo soltaba, como portador de la sabiduría (de barrio).

Es quizás por esa “respetabilidad” fugaz que recibía aquel que replicaba cual mono de repetición ese refrán o cuento popular, en busca de una rápida y satisfactoria aprobación social, que se reforzaban año tras año, generación tras generación. Difícilmente se cuestionaban o analizaban a fondo, sólo se repetían. Y ya sabemos que la repetición incesante de una mentira puede finalmente convertirse en aparente verdad.

Acabemos con la mediocridad

Llegó el día de poner fin a tanto lastre popular. Esto no debe continuar. Pongamos sentido común. Ayúdame a divulgar este análisis para que las mentes de los más jóvenes y los no tan jóvenes, puedan crecer un poquito más libres de condicionamientos y creencias limitantes.

Hay muchos, seguro alguno se nos escapa, así que sientete en libertad de comentar y analizar con nosotros.

“La curiosidad mató al gato”

Analiza fríamente este refrán que nos dicen desde muy niños. La curiosidad (algo que debería ser positivo, ya que a través de ella aprendemos, investigamos, nos enriquecemos mentalmente) MATÓ al gato. ¡Mató al gato! Ese animalillo adorable que a todo el mundo enternece. Esa querida mascota que encima dicen tener 7 vidas. ¡Qué terrible la curiosidad! ¿O lo terrible es el refrán?

“Más vale malo conocido que bueno por conocer”

Ok, si vives con alguien que te amarga la vida (en relaciones, familia o trabajo) o incluso te lastima física o emocionalmente, como es “lo conocido”, mejor eso que ir a descubrir nuevas personas, trabajos o lugares. ¿En serio? Todavía es que dice “MALO conocido” vs “BUENO por conocer”. ¿Cómo va a “valer” más? ¿Por qué esa educación basada en la mediocridad y el conformismo? Incluso diría sumisión.

O su variante que vendría a transmitir algo similar:

“Más vale pájaro en mano que ciento volando”

No sólo llama de nuevo al conformismo sino que encima, hace ver como mala la parte de la libertad, ya que si lo analizas bien, ¿se te ocurre un modo visual mejor de representar la libertad y la alegría que ver cientos de pájaros volando en el cielo?

Que encima, si nos ceñimos a su significado más directo que vendría a ser el del cazador que necesita cazar para sobrevivir, viene a decir que no confíes en tus habilidades, que si ya cazaste uno, confórmate, que aunque haya ciento volando, es más probable que no logres cazar ninguno más. Estamos hablando de que este refrán te está programando para tener una probabilidad de éxito menor al 1%. ¡Te está llamando inútil!

“Árbol que nace torcido nunca su rama endereza”

¿Qué clase de m…. es esta? Lo peor es que si te la crees, si has tenido una infancia dura, si tienes algún tipo de limitación, física, emocional, económica o cultural, o cometiste ciertos errores frutos de tu ignorancia o malas etapas, quiere decir: ¡Púdrete ahí que jamás lograrás nada!

¿No crees a estas alturas que se deberían exterminar estos refranes? Que si escuchas a alguien decir uno, debes imprimir este artículo en un papel, te lo pones en la palma de la mano y ¡bofetón! 😀

Hay tantos casos de éxito de personas que precisamente nacieron “torcidas”. De hecho, las personas que crecen con dificultades suelen ser luego las más fuertes y las más capaces, en contraposición a los que nacieron “rectos” y con todo a favor.

Si esto se lo dices a un niño y lo interioriza, puede ser una programación mental que a futuro le haga estar ya toda la vida con una sensación inconsciente de que no merece la pena intentarlo, de que ya no hay nada que hacer. Y la falta de esperanza es el mayor asesino de la pasión, de la alegría, de la felicidad.

Recuerda… imprime este artículo, ponlo en la palma de tu mano y ¡bofetón! Sobre todo cuando lo digan adultos frente a niños.

Sigamos…

“De tal palo tal astilla”

Este no debería sonar tan grave, lo malo es que se suele decir de manera peyorativa, como viniendo a decir… si el padre (o la madre) tiene ese defecto, espera lo mismo del hijo o hija.

Primero de todo, yendo a lo inconsciente… estamos ya diciendo que un hijo es una “astilla”, es esa cosa insignificante en un palo que solo sirve para hacerte daño si te la clavas. Estamos llamando a los hijos “astillas”, seres inservibles, molestos. Y además, estamos diciendo que si sus padres tienen defectos, los van a replicar, que no pueden escapar a ello.

Viene perfecto para que luego la gente diga:

“Yo es que soy así, no lo puedo cambiar” ¡Claro que puedes cambiar! Todo el mundo puede cambiar. Otra cosa es que nos acostumbremos y nos conformemos. Cambiar cuesta, requiere esfuerzo, pero se puede. Lo fácil es decir: “Es que soy así”, “Es que mi padre también era así”… ¡Qué se le va a hacer!

En definitiva, seguimos fomentando la mediocridad, el conformismo, el dejar la responsabilidad de nuestras vidas fuera de nosotros.

La culpa es de los padres o la sociedad o la genética o los políticos o la religión o cualquier cosa que esté fuera de nuestra responsabilidad.

Esto nos convierte en víctimas, en inútiles, incapaces de ver más allá, cuando lo ideal sería una sociedad llena de personas conscientes, capaces de detectar sus errores y proponerse mejorar y cambiar, evolucionar, hacer desde nosotros mismos un mundo mejor.

Si cambias tú, si tú mejoras, inevitablemente lo hará tu entorno. Pongamos todos de nuestra parte, ya no más excusas o justificaciones de perdedores.

Y dejo para el final la guinda del pastel:

La Fábula de la lechera

Según, por ejemplo, guiainfantil.com, dice así:

La hija de un granjero llevaba un recipiente lleno de leche a vender al pueblo, y empezó a hacer planes futuros:

– Cuando venda esta leche, compraré trescientos huevos. Los huevos, descartando los que no nazcan, me darán al menos doscientos pollos.
Los pollos estarán listos para mercadearlos cuando los precios de ellos estén en lo más alto, de modo que para fin de año tendré suficiente dinero para comprarme el mejor vestido para asistir a las fiestas.

Cuando esté en el baile todos los muchachos me pretenderán, y yo los valoraré uno a uno.
Pero en ese momento tropezó con una piedra, cayendo junto con la vasija de leche al suelo, regando su contenido.
Y así todos sus planes acabaron en un instante.

Moraleja:
No seas ambiciosa de mejor y más próspera fortuna,
que vivirás ansiosa sin que pueda saciarte cosa alguna.
No anheles impaciente el bien futuro,
mira que ni el presente está seguro.

——

Imagino que ya con la atención encendida hayas alucinado al recordar este cuento. ¿Viste la moraleja? Viene a decir: No seas una persona ambiciosa, no sueñes, no imagines un futuro más próspero, más bien, tenle miedo hasta al mismísimo presente.

Es una fábula perfecta para ser un trabajador resignado, lo opuesto a un emprendedor. Es limitante y te está diciendo que dejes de soñar para prestar atención a tu presente, ¡no vayas a perder lo poco que tienes!

Está claro que hay que vivir en el presente, de que no hay que quedarse ensimismado por lo que podrá ser, pero igual de importante que es estar presente, es saber visualizar y planificar nuestro futuro, tener un plan, un propósito, tratar de ser mejor persona en todos los sentidos.

Y es que desgraciadamente, este cuento ha calado en lo más profundo de la sociedad, y siempre que alguien le cuenta su plan o idea a otras personas, no falta el oportunista y “original” que sentencia: “Bueno, ten cuidado no vaya a ser como el cuento de la lechera”, generando automáticamente un torrente de negatividad, temores e inseguridades provenientes de las asociaciones que tan bien amaestradas tenemos desde niños.

Hemos sido domesticados desde pequeños para ser ejemplares trabajadores, todo el sistema educativo se basa en ello. Y tampoco está mal hasta cierto punto. Pero lo que si está mal es que nuestra educación se base en miedos, en temores, ya que el miedo paraliza, no permite que avancemos.

No comento muchos otros cuentos infantiles, pero daría para otro artículo… La gran mayoría son o tristes o macabros o tenebrosos, que generan miedos en los niños.

Quizás, teniendo en cuenta que provenimos de siglos pasados muy duros y difíciles, con mucha escasez, hambruna, falta de seguridad, cualquier animal o enemigo te podía matar fuera del entorno de seguridad (la tribu o comunidad), entonces ahí si sería comprensible que se le quisiese inculcar al niño una serie de miedos para tenerlo alerta. Una mera cuestión de supervivencia.

Pero ya hoy día no tiene sentido, y menos aún los refranes que hemos analizado más arriba, que no consiguen más que mentes dormidas, conformistas, resignadas, miedosas y perezosas.

Lo más importante es que todo esto no queda solo en los refranes o cuentos. Está en muchas más frases en el día a día que nos dijeron desde niños o que nosotros repetimos (ya sea a los demás o a nosotros mismos) en donde hay una fuerte carga de miedos, temores, inseguridades… analiza cada palabra que salga de tu boca o que se reproduzca en tu mente a lo largo del día y puede que te sorprendas.

El cambio empieza en nosotros

El cambio del mundo comienza en nuestras propias mentes. Hay que despertar, eduquemos hijos libres, capaces, que sueñen, que ambicionen, que desarrollen su pleno potencial, ya que ellos son el futuro. No sigamos repitiendo los mismos errores.

Y nosotros, aunque ya no seamos tan niños, siempre estamos a tiempo de ser mejores, de cambiar, de no conformarnos, de soñar. No hay edad para ello, que no te limiten tus pensamientos.

Espero te hayan gustado estas reflexiones y nos ayudes a difundirlas y compartirlas para poner nuestro granito de arena en la transformación positiva de las personas. Entre todos, podremos construir un mundo mejor.
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José Vicente Rojo
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 José Vicente Rojo

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CEO y fundador de Tentulogo. Soy consultor experto en branding. Apasionado del diseño, el marketing, la publicidad, los negocios y sobre todo, los emprendedores. Me encanta el color rojo, básicamente porque es mi segundo apellido, ya que no tiene un sustento racional tener predilección por unas longitudes de onda del espectro electromagnético interpretadas emocionalmente por nuestro cerebro.