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¿Qué son las aceleradoras de startups?

Nelson PeraltaBy Nelson Peralta 7 meses ago
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El bien anunciado auge de las empresas emergentes y el capital de riesgo en los últimos años han coincidido con la aparición de nuevos actores en los ecosistemas empresariales emergentes. Uno de estos actores, las aceleradoras de startups, ha recibido una gran cantidad de atención, pero también poca revisión. Por eso, en este post nos adentramos un poco en ellas.

Son comúnmente incomprendidas o equivocadamente agrupadas con otras instituciones que apoyan las primeras etapas de la puesta en marcha de una empresa, tales como las incubadoras, los inversores ángeles y los capitalistas de riesgo, que en esencia no son lo mismo que una aceleradora aunque persigan objetivos emparentables.

Las aceleradoras están desempeñando un papel cada vez mayor en las comunidades de negocios emergentes en los Estados Unidos y más allá. La evidencia temprana demuestra el potencial significativo de las aceleradoras para mejorar los resultados de las startups, y para que estos beneficios se propaguen por el resto de la economía.

Foto: vía Pexels.

En un mercado pujante, las aceleradoras se presentan como una oportunidad que muchos empresarios jóvenes y emprendedores con grandes ideas están esperando para dar el siguiente paso. ¿Pero “graduarse” de este tipo de compañía es garantía de un futuro provechoso? Empecemos por el principio:

¿Qué hacen las aceleradoras de startups?

Las aceleradoras de startups impulsan el crecimiento de empresas emergentes a través de tres pilares: la orientación, la mentoría y la financiación.

Las aceleradoras de startups apoyan a las empresas en su fase inicial de desarrollo, impulsan su crecimiento a través de tres pilares fundamentales: la orientación, la mentoría y la financiación a cambio de un porcentajes de participación a convenir.

Las startups entran en las aceleradoras por un período fijo de tiempo que suele ser de unos pocos meses, y forman parte de una legión de empresas que a su vez puede que representen una comunidad física determinada o rubro de mercado en específico. La experiencia dentro de las aceleradoras podemos describirlo como un proceso intenso y rápido dirigido a “acelerar” el ciclo de vida de empresas realmente prometedoras que están iniciando en el mercado, evitándoles así años de ensayo y error.

El trabajo de una startup con una aceleradora culmina con una graduación o un “día de demostración” en el que la empresa se abre paso por sí sola en el mundo de los negocios pero ahora con estos nuevos conocimientos. Ninguna otra institución de ayuda a las startups (incubadoras, inversionistas ángeles o capitalistas de riesgo en semillas) tienen los elementos colectivos o de aprendizaje que tienen las aceleradoras.

El que una empresa provenga de una aceleradora puede significar una cuota de prestigio extra, porque se considera como una garantía de calidad de producto o servicio, sobre todo si la aceleradora está muy bien posicionada en el mercado.

Foto: vía Pexels.

A pesar de esto, existe una confusión, incluso dentro del propio sector de las startups sobre cuál es el papel real de una aceleradora. Si nos vamos a los números, se cree que de las cerca de 700 organizaciones con sede en Estados Unidos que dicen o se identifican a sí mismas como “aceleradoras”, sólo un tercio realmente lo son. En otras palabras, dos de cada tres “aceleradoras” no son en realidad aceleradoras, eso si tomamos en cuenta el tema de la orientación y la mentoría, además de la participación financiera, que las caracteriza.

Veamos un poco de historia…

Antes de las aceleradoras, había las llamadas “incubadoras de empresas”. La primera incubadora de empresas se inició en 1959 y apuntaba a ser un ambiente institucionalizado que ayudaba y permitía que las empresas emergentes y las ideas de negocios crecieran.

Foto: Página web de TechSpace.

En 1999, algunas incubadoras con nombres como HotBank, 100x y TechSpace crecieron junto con empresas de tecnología, es decir, se especializaban más en este rubro. El modelo de “incubación” ofrecía un espacio físico de oficinas para nuevas empresas a cambio de una participación financiera, de modo que ahora estas nuevas empresas tenían un lugar donde trabajar, sin pagar un alquiler y conviviendo con otros negocios en el mismo nivel de desarrollo.

Después de la explosión de la burbuja tecnológica en el año 2000 (que supuso el cierre de muchas startups), este modelo cambió y las incubadoras simplemente siguieron dando los espacios físicos pero esta vez ya no por participación sino por una cuota mensual. Decidieron hacer eso porque prácticamente todas las startups que habían ayudado, estaban quebradas.

Los términos “incubadora” y “aceleradora”, en la práctica, se utilizan para prácticamente lo mismo, pero por definición, una aceleradora es algo nuevo y ofrece algo más…

Foto: Página web de “Y Combinator“.

En 2005, Paul Graham creó “Y Combinator”, y aunque el programa se basó originalmente en el modelo clásico de las incubadoras, se destacó por algunas diferencias en cuanto a las ofertas que se les hacían a los emprendedores. En primer lugar, el período de tiempo de trabajo con las startups era limitado, a diferencia de las incubadoras tradicionales que eran flexibles con el tiempo porque lo único que les importaba era la participación financiera. En cambio, un proceso de orientación siempre suele ser un poco costoso y no se puede mantener por mucho tiempo.

En segundo lugar, las startups participantes estaban incentivadas por una lista de personajes (socios de la compañía) que tenían experiencias de éxito en el mundo de los negocios y que eran los que ofrecían los servicios de mentoría, así como una píldora de inspiración y conocimientos.

A pesar de la gran cantidad de aceleradoras en todo el mundo, “Y Combinator” todavía se jacta de ser la marca más grande de todas y la pionera en este mercado.

Foto: vía Pexels.

En diez años, las compañías que fueron apoyadas por aceleradoras lograron recaudar un total de 19.500 millones de dólares.

El crecimiento de las aceleradoras basadas en los Estados Unidos realmente despegó después de 2008, cuando muchas startups quebraron con la gran depresión de esos años. Las nuevas empresas, con el encarecimiento de los créditos. El número de estas organizaciones creció en un promedio de 50% cada año, entre 2008 y 2014.

Para 2005 había 172 aceleradoras en Estados Unidos que, colectivamente, invirtieron en más de 5 mil empresas de ese país. En diez años, las compañías que fueron apoyadas por aceleradoras lograron recaudar un total de 19.500 millones de dólares en financiamiento, un número que seguramente aumentará a medida que los programas de aceleración continúen.

Pero los matices que hay en cuanto a la ubicación geográfica, la participación financiera y las ofertas de financiación son sólo una parte del fenómeno. Lo que hace que una aceleradora te permita saborear el éxito depende de mucho más.

¿Por qué recurrir a las aceleradoras de startups?

Claramente, las aceleradoras se han empoderado en los últimos años. Son un boom. ¿Pero qué es lo que hacen que las hace tan diferentes de otros inversionistas y a su vez tan valiosas para las startups?

Foto: vía Pexels.

La experiencia dentro de una aceleradora puede compararse con la educación inmersiva, donde un período de atención intensa y enfocada proporciona a los emprendedores una oportunidad de aprender a un ritmo rápido cómo moverse con sagacidad en el mercado. Además, esta educación siempre suele ser práctica y en entornos no ficticios. “Aprender haciendo” es vital para el proceso de escalamiento de las empresas, y el punto de las aceleradoras va precisamente con lo que su propio nombre indica: acelerar el proceso. De esta manera, estas organizaciones comprimen años de aprendizaje en un período de unos pocos meses.

¿Pero qué evidencia tenemos de que funcionan y de que pueden ser el secreto del éxito? La relativa novedad de las aceleradoras hace que haya poca investigación sistemática sobre el efecto que tienen en las empresas que se inscriben en ellas y sobre la comunidad empresarial en la que se desenvuelven. Pero sí podemos hablar de estas cuatro realidades:

  1. Si comparamos un grupo de empresas que no han participado en programas de aceleración con empresas que sí lo han hecho, veríamos en estas últimas una aceleración de su proceso en cuanto alcanzar hitos clave, como el tiempo que tardan para obtener capital de riesgo, en salidas por adquisición y en ganar tracción del cliente. Sin embargo, los efectos positivos se disipan cuando se mira una muestra más amplia de aceleradoras: muchos programas no parecen acelerar el crecimiento de la empresa, y en algunos casos incluso pueden ralentizarlo. Y es que, como todo en el mercado, no hay un 100% de confiabilidad, hay estafas o promesas que no se pueden cumplir.
  2. Si comparáramos a los graduados de las grandes aceleradoras con un conjunto de startups similares que en su lugar recaudaron fondos de inversionistas ángeles de los principales grupos de inversión, encontraríamos que los primeros son más propensos a recibir una próxima ronda de financiación muchísimo antes que los otros, precisamente por el tema de la garantía de calidad que las grandes aceleradores proporcionan.
  3. La ciencia de comparecer ante una aceleradora está primordialmente en aprender de las experiencias empresariales de sus fundadores, y esto tiene mucho valor en un mercado donde la competencia es feroz, porque no todo el mundo se sabe la información que no se publica y no todos tienen los contactos.
  4. Las aceleradoras tienen un impacto positivo en los ecosistemas empresariales regionales, particularmente en lo que respecta al entorno de financiación. Las áreas metropolitanas en las que se establece una aceleradora atraen más actividades de financiación para emprendedores, es decir, suele haber un aumento generalizado de la inversión. Aunque no esto no demuestra en que las aceleradoras tengan ese potencial en sí, más bien esto es como un indicador de que el mercado está invitando de alguna manera a invertir en nuevas ideas.

Pero las aceleradoras también tienen algunas desventajas que hay que sopesar si quisiéramos recurrir alguna:

  1. No hay dos aceleradores iguales, lo que nos indica que cada una producirá resultados bastante diferentes con respecto a la otra. Por lo tanto, la mayoría de las startups no aplican para todas las aceleradoras, lo que reduce increíblemente la oferta y hace que la competencia para entrar en una sea durísima.
  2. Si una aceleradora toma demasiada participación en la empresa que se inscribe en ella, esto puede ser contraproducente para esa empresa en el futuro. Compromete las decisiones que se toman y además puede suponer una disminución en el capital con el que se contará para hacer inversiones.
  3. Concurrir ante una aceleradora requiere casi siempre de una reubicación de la planta operativa física del negocio hacia donde ésta se encuentra. Un ejemplo vivo es Agu de Marco, fundador de la empresa Wideo, quien fue aceptado en la aceleradora “500 Startups” y tuvo que trasladarse desde Argentina hasta Sillicon Valley (California) para empezar con el proceso de aceleración.

En resumen, las aceleradoras pueden tener un efecto positivo en el desempeño de las empresas con las que trabajan, incluso en comparación con otros inversionistas clave. Pero este hallazgo no es universal entre todas las aceleradoras, lo que quiere decir que estar en una no garantiza el éxito de ninguna manera.

Las primeras evidencias demuestran también que las aceleradoras pueden tener un efecto positivo en la atracción de semillas y el financiamiento inicial para una comunidad y eso trae beneficios indirectos a la economía regional, como empleo y consumo.

Foto: vía Pexels.

Teniendo en cuenta el crecimiento de las aceleradoras en los últimos años, esta evidencia es alentadora. Algunas pueden no hacer la gran diferencia, pero muchas claramente la hacen, y las mejores están listas para potenciar significativamente las probabilidades de éxito de las startups que se gradúen con honores.
Referencias:
Foto de cabecera: atosan / 123RF Foto de archivo
Con información de: Wikipedia | German Bacca | Muy Pymes.

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