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Andrew Carnegie: construyendo una nación con puño de acero

Nelson PeraltaBy Nelson Peralta 4 semanas ago
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De Andrew Carnegie conocemos su obsesión por el dinero, una que lo llevó a ser uno de los hombres más adinerados de la historia. ¿Pero qué cosas no sabemos sobre él? Descúbrelo a continuación…

Andrew Carnegie fue uno de los capitanes del capitalismo estadounidense del siglo XIX. Ayudó a construir la formidable industria siderúrgica norteamericana, que lo llevó de ser un joven pobre a uno de los hombres más ricos del mundo. Más tarde, Carnegie, arrepentido por muchos errores cometidos durante su período de enriquecimiento personal, regaló su fortuna a instituciones culturales, educativas y científicas para “mejorar a la humanidad”.

Primeros años

Nació en Dunfermline, una ciudad medieval de Escocia, en 1835. Esta ciudad era el centro de la industria del lino en el Imperio Británico, y el padre de Andrew era tejedor, profesión que esperó que su hijo siguiera. Pero la Revolución Industrial, que más tarde haría de Carnegie un magnate, acabó con el arte del tejido a mano a través de los telares mecánicos impulsados a vapor, los cuales llegaron a Dunfermline en 1847 e hicieron que cientos de tejedores se volvieran prescindibles. En esa situación difícil, la madre de Andrew tuvo que trabajar para apoyar a la familia abriendo una pequeña tienda de comestibles y reparando zapatos.

Foto: vista de la capilla de la ciudad de Dunfermline | vía Wikipedia.

La ambición por ser rico marcó la vida de Carnegie desde muy pequeño. No obstante, también creía en el igualitarismo político (la igualdad que promueve el socialismo), creencia que heredó de su familia, pues su padre, su abuelo y tíos eran radicales escoceses que lucharon para abolir los privilegios heredados y conseguir derechos laborales comunes ante la ley.

Foto: casa natal de Andrew Carnegie en Dunfermline | vía Wikipedia.

La madre de Andrew, que temía por la supervivencia de su familia, convenció a todos para que huyeran de la pobreza en Escocia y se asentaran en América, donde parecía haber más posibilidades de surgir. Ella tomó un préstamo de veinte libras para pagar la tarifa del trasatlántico y, en 1848, los Carnegie llegaron a Pittsburgh, una ciudad oscurecida por las emisiones de gases de combustión de las fábricas de hierro.

Foto: Escena del río Monongahela frente a la contaminada ciudad de Pittsburgh (Pennsylvania), realizada por los ilustradores Mr. Kilbert y “Tarbell” en el año 1857

Tanto Andrew, de doce años, como su padre consiguieron trabajo en una fábrica de algodones por un dólar con veinte céntimos a la semana que sólo alcanzaba para la subsistencia. Más tarde, Andrew trabajó como recadero en la oficina de telégrafos de la ciudad. Era un muchacho trabajador que cumplía sus asignaciones con la máxima eficiencia. Solían pedirle que entregara mensajes al teatro; él se las arregló para hacerlas en las noches y así quedarse a mirar las funciones de sus obras favoritas. En lo que sería una búsqueda del conocimiento y una afición por la lectura, Carnegie también frecuentó una pequeña biblioteca que un benefactor local había dispuesto para muchachos trabajadores como él.

Uno de los hombres que Carnegie conoció mientras trabajaba en la oficina de telégrafos fue Thomas A. Scott, quien estaba comenzando su carrera como empresario ferroviario con el Ferrocarril de Pensilvania. Scott se encariñó con Andrew, a quien comenzó a tratar de “Andy”, y lo convirtió en su secretario y telegrafista personal por treinta y cinco dólares al mes.

Foto: Daguerrotipo de Andrew Carnegie de 16 años junto a su pequeño hermano Thomas Carnegie.

Años más tarde, Scott se convirtió en superintendente de la División de Pittsburg y, al inicio de la Guerra Civil (también conocida como la Guerra de Secesión), en 1861, fue contratado por el gobierno para supervisar los transportes militares en el Norte del país. Para entonces, ya Carnegie se había convertido en su discípulo y mano derecha.

Corazón de acero

La Guerra Civil sirvió de impulso para la industria siderúrgica ya que, al tiempo de terminar, se comenzó a demandar más hierro para la reconstrucción y modernización de las vías férreas de todo Estados Unidos. Carnegie vio potencial en esta industria y, deseoso de explorar nuevas posibilidades de negocio en ella, dimitió de su cargo en el Ferrocarril de Pensilvania. Fue uno de los movimientos más peligrosos que hizo en su carrera, ya que corría el riesgo de quedar en la ruina, pero al final, resultó ser su decisión más acertada: Giró su atención a la sustitución de puentes de madera por puentes de hierro y, en tres años, ya contaba con un ingreso anual de aproximadamente cincuenta mil dólares.

Carnegie era el más insólito de los gigantes de la industria del Siglo XIX. Predicó sobre los derechos de los trabajadores para formar sindicatos y exigir mejoras a sus patronos

Su proyecto más visionario al inicio de su carrera fue la construcción de un puente de un kilómetro sobre el río Mississippi para conectar la ciudad de St. Louis con el lejano oeste. Antes ya se habían intentado proyectos de puentes en esa misma zona, pero no se llevaron a cabo porque bloqueaban el acceso de los barcos de vapor o simplemente no soportaban la fuerza de las aguas y se caían. Carnegie supo que para poder lograr un puente lo suficientemente alto y resistente, debía utilizar un material más fuerte que el hierro. Y pensó en el acero, lo cual fue arriesgado pues era muy caro y nunca antes se había utilizado para la construcción de infraestructuras. Aun así, Carnegie, que era un tipo con talento para el discurso, logró convencer a muchos empresarios para que invirtieran en el proyecto.

Foto: Puente Eads sobre el río Mississippi durante su construcción en 1874

No exento de problemas durante su construcción, y casi a punto de llevar a la quiebra a Andrew, el puente sobre el Mississippi logró completarse en 1874 y eso no sólo catapultó al éxito en el negocio del acero, sino que abrió nuevas posibilidades para la modernización de los Estados Unidos usando ese mismo material para la construcción de edificios.

A pesar de haber roto relaciones comerciales con su mentor Thomas Scott, Andrew mantenía su amistad y admiración por él, por lo que constantemente le enviaba cartas para expresarle sus inquietudes y pedirle consejos. En una carta que le escribió a sus treinta y tres años, le dijo que estaba abrumado con el hecho de que ahora su vida transcurría pensando en cómo hacer mucho dinero rápidamente, y que estaba evaluando la posibilidad de jubilarse a los treinta y cinco años de edad para dedicarse a estudiar y a leer.

Foto: Daguerrotipo de Andrew Carnegie en 1878.

Sin embargo, Carnegie, que no pudo contra su obsesión por el dinero, no pudo parar. Dos años después de escribir la carta, implementó un nuevo proceso de refinación del acero que fue usado por el inglés Henry Bessemer para aumentar la producción y calidad del rubro. Para eso, volvió a hacer altas inversiones que le supusieron un montón de deudas, las cuales pudo pagar reduciendo los costos de producción. Estas inversiones comenzaron a dar sus frutos con el inicio de la era del acero en los Estados Unidos, que significó la edificación de rascacielos en ciudades como Chicago y Nueva York.

Foto: Foto: El primer rascacielos del mundo, el Home Insurance Building, construido en Chicago en 1884.

Pienso que el genio de Carnegie era, ante todo, su capacidad de prever cómo las cosas iban a cambiar”, decía el historiador John Ingram. “Cuando veía que algo podía darle una ventaja potencial, estaba dispuesto a invertirlo todo en ello”.

Foto: Daguerrotipo de Henry Frick de fecha desconocida.

Carnegie era el más insólito de los gigantes de la industria del Siglo XIX. Predicó sobre los derechos de los trabajadores para formar sindicatos y exigir mejoras a sus patronos (recordemos que su familia paterna luchó por los derechos laborales en Inglaterra). Sin embargo, sus acciones no se correspondían con su retórica, pues los trabajadores de Carnegie Steel Company, a menudo eran sometidos a condiciones infrahumanas.

Cuando Henry Frick, mano derecha de Andrew, ocupó el cargo de presidente de la compañía, las jornadas laborales llegaron a ser de doce horas diarias, seis días a la semana, bajo supervisión constante. Esto hizo que los trabajadores organizaran una huelga que fue disuelta en el famoso Homestead Strike de 1892, por un grupo de mercenarios conocidos como el grupo “Pinkerton”, contratados por Frick para amedrentar a los huelguistas. Ese evento dejó un saldo de nueve obreros asesinados, lo que causó una ola de furia colectiva en Pensilvania que se tradujo en atentados contra Frick y una afectación directa a la reputación de “hombre bueno” que tenía Carnegie.

Foto: Ilustración de Thure de Thulstrup que recrea el momento en que la milicia de Pensilvania llega a Homestead para reprimir la huelga de los trabajadores de la Carnegie Steel Company.

El hombre más rico de la historia

Foto: Caricatura de Andrew Carnegie que apareció por primera vez en la revista Vanity Fair en 1903.

Foto: Caricatura burlesca hacia la filantropía de Andrew Carnegie que apareció por primera vez en la revista Puck, en el año 1903.

Hacia 1900, Carnegie Steel Company comenzó operaciones en Gran Bretaña, aunque la empresa estaba en serios riesgos financieros y fue cuando el empresario y banquero J.P. Morgan vio una oportunidad para hacerse con ella. Sorprendentemente, Carnegie, que estaba un tanto harto de su vida en los negocios decidió que le vendería la compañía a Morgan y así tendría más tiempo para compartir con su esposa Louise, con quien se había casado en 1886, y con su hija Margaret. Acordó un precio de cuatrocientos ochenta millones de dólares. Al concretarse la transacción, Andrew se convirtió en el hombre más rico del mundo, con un valor personal que en la actualidad equivaldría a casi cuatro veces la fortuna de Bill Gates.

Para 1901, a la edad de sesenta y un años, la vida de Carnegie había cambiado drásticamente. Arrepentido de muchas de las cosas que hizo en el pasado para obtener su dinero, decidió pasar el resto de su vida haciendo obras de caridad, utilizando su fortuna para ayudar a muchas personas.

Andrew creía que los que tienen grandes riquezas deben ser socialmente responsables

Al ser un fanático de la lectura, empezó por donar dinero a la Biblioteca Pública de Nueva York para que ésta pudiera abrir más sucursales. En 1904, fundó el Instituto Carnegie de Tecnología en Pittsburgh, que ahora es conocido como la Universidad de Carnegie-Mellon. Al año siguiente, creó la Fundación Carnegie para el Progreso de la Enseñanza. Creó la Fundación Carnegie para la Paz Internacional en 1910. Hizo otras numerosas donaciones, y se dice que más de dos mil ochocientas bibliotecas se abrieron en Estados Unidos gracias a su apoyo financiero.

Además de sus intereses comerciales y de caridad, Carnegie disfrutó de viajar y conocer a figuras líderes en muchos campos. Era amigo de Matthew Arnold, Mark Twain, William Gladstone y Theodore Roosevelt (a quien supuestamente ayudó para que consiguiera la presidencia de los Estados Unidos). También escribió varios libros y numerosos artículos. En su artículo de 1889, llamado “Riqueza”, expuso que los que tienen grandes riquezas deben ser socialmente responsables y utilizar sus activos para ayudar a otros. El tema se extendió en un libro que publicó en 1900, llamado “El Evangelio de la Riqueza”.

Foto: Andrew Carnegie en 1914 en el Castillo Skibo (Escocia).

Murió en 1919, en Lenox (Massachusetts), a la edad de ochenta y tres años, y hasta el sol de hoy es recordado como uno de los grandes empresarios responsable del impulso a la modernidad.

Frases célebres de Andrew Carnegie

  • “Capitalismo es convertir lujos en necesidades”.
  • “El hombre que muere rico, muere desgraciado”.
  • “El primero consigue la ostra, el segundo la concha”.
Referencias:
Imagen de cabecera: Andrew Carnegie en 1913.
Con información de:
Wikipedia: Andrew Carnegie , Homestead Strike, Thomas A. Scott | Wikiquote | “Gigantes de la industria”, serie original de History Channel | Biography.
Category:
  Grandes magnates de la historia

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