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Neuralink, la empresa que conectará el cerebro con las máquinas

Nelson PeraltaBy Nelson Peralta 9 meses ago
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Los libros de Ciencia Ficción son solo lecturas entretenidas para estimular la imaginación, ¿o quizás no? ¿Qué pasa cuando los libros exploran muchos de los temas que preocupan al mundo de la tecnología en este momento? ¿Qué pasaría si una de esas historias se hiciera realidad? Pues algo de eso hablaremos hoy presentándote a una peculiar startup: Neuralink.

El más reciente proyecto empresarial del sudafricano Elon Musk, llamado Neuralink, es una “compañía de investigación médica” que hará interfaces cerebro-computadora. Los proyectos de Musk se inspiran con frecuencia en la ciencia ficción, y ésta es una referencia directa a un dispositivo llamado “cordón neural”, inventado por el novelista británico Iain M. Banks para su serie “Culture”. En esos libros, los personajes desarrollan una malla semiorgánica en sus córtex cerebrales, lo que les permite interactuar de forma inalámbrica con una Inteligencia Artificial y crear copias de seguridad de sus mentes.

Foto: vía Xataka.

Tener un encaje neural, en la ficción de Banks, hacía a las personas esencialmente inmortales: si morían, eran revividas desde el último respaldo. Sin embargo, Musk no está buscando la inmortalidad, o al menos no ha declarado que ese sea su objetivo principal. A pesar de que ha dicho públicamente en varias ocasiones que le gustaría cargar y descargar pensamientos, posiblemente para luchar contra una inteligencia artificial malvada, se imagina que los productos de prueba de Neuralink serán electrodos implantados para tratar la epilepsia y la depresión. Serán muy similares a los implantes actuales para tratar el Parkinson, que funcionan al regular la actividad eléctrica del cerebro.

La compañía es financiada en su totalidad por Musk o por Founders Fund, una firma de capital de riesgo fundada por Peter Thiel. En el momento de su fundación (oficialmente en marzo de 2017), se informó que la compañía había contratado a tres personas: Vanessa Tolosa, ingeniera del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore y experta en electrodos flexibles; Philip Sabes, profesor de la Universidad de California en San Francisco, que estudia cómo el cerebro controla el movimiento, y Timothy Gardner, un profesor de la Universidad de Boston que es conocido por implantar diminutos electrodos en el cerebro de aves para estudiar los mecanismos cerebrales involucrados en su cantar.

Funciona conectándose a la corteza motora del cerebro: cuando la persona piensa en moverse, ese pensamiento se traduce en movimientos de un cursor.

El trabajo de Neuralink se basará en más de una década de trabajos sobre interfaces cerebro-computadora exitosas (BCI), comenzando con BrainGate, una tecnología temprana que permite a las personas escribir mensajes en una computadora seleccionando letras una a una en una pantalla (precisamente el mismo dispositivo cerebral que utiliza el físico Stephen Hawking para comunicarse).

Funciona conectándose a la corteza motora del cerebro: cuando la persona piensa en moverse, ese pensamiento se traduce en movimientos de un cursor. Pero este método todavía es bastante lento, y la compañía de Musk espera acelerar las cosas.

Otros experimentos de BCI han involucrado el uso de computadoras para controlar los movimientos de insectos y ratas. El infame “RoboRat”, desarrollado en 2002, era un dispositivo que se le implantaba a una rata el cual podía hacerla girar hacia la derecha o la izquierda mientras caminaba estimulando las regiones cerebrales relacionadas con las sensaciones derecha/izquierda en sus bigotes, así como desde sus centros de recompensa (comida). Hoy en día, este tipo de tecnología es tan común que existe un kit de ciencia dirigido a niños llamado RoboRoach, que permite a los niños colocar un implante cerebral en una cucaracha para controlar sus movimientos (increíble pero cierto).

Foto: Esta es una foto de una interfaz ficticia de BrainGate que estaba en la exhibición de Star Wars en el Museo de Ciencias de Boston, en octubre de 2005 | vía Wikipedia.

No está claro qué tan bien funcionarían dispositivos como el RoboRat y el RoboRoach en humanos, cuyos cerebros son mucho más complejos y aún poco conocidos. Pero eso no detiene a Musk, quien es conocido por hacer prototipos primero y hacer preguntas después. Él le dijo a la revista Vanity Fair que “ya somos ciborgs” y que “una interfaz significativa de cerebro parcial está a sólo cuatro o cinco años de distancia”. Muchos critican este exceso de optimismo, aunque recientemente pudo demostrar que su palabra es genuina con el lanzamiento del cohete Falcon 9 de su empresa SpaceX al espacio con relativo éxito.

La inspiración

Musk, como muchas otras personas en estos días, pasa mucho tiempo pensando acerca de la inteligencia artificial y hacia dónde podría llevarnos. En 2015, ayudó a crear una organización llamada Open AI, una fundación sin fines de lucro que explora la mejor manera de garantizar que la inteligencia artificial termine sirviendo a los humanos, en lugar de desplazarlos. Las novelas de Banks, algunas de las cuales tienen 30 años, toman esta idea de la inteligencia artificial con la misma seriedad.

Matar a una máquina sería entonces un crimen tan grave como matar a una persona biológica; la medida moral relevante es la capacidad de sufrimiento, no el material del que se obtiene una inteligencia dada. Banks da a sus personajes máquinas complicadas con vidas internas al igual que las de sus seres biológicos. En una escena del libro “Consider Phlebas”, un escalador de montañas humano entrega un ramo de flores a un dron, y el avión no tripulado reflexiona sobre lo conmovedor del gesto y cómo moriría de vergüenza si ese sentimentalismo se hiciera ampliamente conocido.

Para los señores de la tecnología que dudan de sí mismos, esta serie de libros es un tónico tranquilizador. La serie “Culture” es una utopía en la que se ha cumplido la promesa relacionada a la inteligencia artificial y en la que se han evitado sus trampas. Las “mentes” son en su mayoría dioses benevolentes que se aseguran de que tanto los humanos estén tan felices, seguros y satisfechos como sea posible. La dignidad ya no está atada al trabajo. Tampoco lo es la supervivencia, ya que su economía manejada por máquinas genera una abundancia material casi inagotable (un grupo de economistas modernos de izquierda ha llamado a este estado de cosas “comunismo de lujo totalmente automatizado”).

Sin necesidad de trabajar para sobrevivir, los humanos, que gracias a los avances en biología, pueden cambiar de sexo a voluntad y vivir cientos de años, son libres de hacer lo que quieran, ya sea escalar montañas, disfrutar de juegos o sólo entregarse al disfrute de una gran cantidad de hedonismo drogado y alimentado por el sexo.

Foto: Biblioteca con los libros de la serie “Culture” de Iain M. Banks | vía ela21.

Pero Banks es un escritor demasiado talentoso y cínico para hacer que su mundo sea realmente una Utopía, de hecho, es todo lo contrario. Muchos de sus protagonistas están insatisfechos con una vida fácil y se encuentran al margen de la sociedad perfecta. Liberada del trabajo, la cultura se ha obsesionado con la moda, las modas y las minucias de las jerarquías sociales. Y los dioses de la inteligencia artificial, incluso los benévolos, tienen implicaciones incómodas: Banks no está del todo claro si los humanos (y los drones) son algo más que mascotas consentidas para las “mentes” que realmente dirigen el espectáculo.

Y esto es lo que quizás resulte lo más importante de la búsqueda de Musk, quien ha expresado preocupaciones similares. “Seremos como un labrador mascota si tenemos suerte”, dijo en 2015, cuando se le preguntó acerca de la relación que los humanos podrían tener con las máquinas súper inteligentes. Preocupaciones similares son la razón última detrás de Neuralink. Sólo un cerebro humano tecnológicamente aumentado, piensa el sudafricano, tiene alguna posibilidad de ser capaz de mantener el ritmo de lo artificial, y Neuralink es el primer paso en la construcción de ese cerebro.

Foto: Fotograma de la serie de Netflix, “Altered Carbon”, la cual trata también el tema de la conexión entre la mente y el cerebro | vía El Mundo.

Todo esto puede parecer increíblemente grandioso. Las preocupaciones sobre las computadoras hiperinteligentes que mantienen a los humanos como mascotas pueden parecer insultantemente teóricas en un mundo donde miles de millones de personas ni siquiera cuentan con una conexión a Internet. Pero si bien la ciencia ficción ha superado estas ideas, no deja de ser eso todavía: ciencia ficción.

Sobre el conservadurismo ante la idea

Quizás el tema más importante aquí sería algo que se puede definir con un término: “transhumanismo”. Es un término que lleva años debatiéndose, que tiene que ver con los rápidos avances de la ciencia y la tecnología, y que aterra muchísimo a los conservadores. Se trata de que los humanos llegarán a momento de su evolución en el que podrán optimizar a tal punto su humanidad que ésta simplemente comience a dejar de existir: el transhumanismo es la frontera entre los humanos y las máquinas. De hecho, dio de qué hablar muchísimo en el año 2014 cuando se estrenó “Transcendence”, la película de ciencia ficción de Wally Pfister, producida por Christopher Nolan y protagonizada por Johnny Depp.

Foto: Fotograma de la película “Transcendence”, protagonizada por Johnny Depp | vía Crónicas del mundo feliz.

Para un científico, pensar en cambiar la naturaleza fundamental de los virus que crean vida, la eugenesia, etc., plantea un espectro que muchos biólogos encuentran bastante preocupante, mientras que los neurocientíficos, cuando piensan en chips en el cerebro, no lo ven tan extraño. De hecho, ya hay experiencia con chips en el cerebro, como mencionamos anteriormente con los electrodos que se utilizan para tratar el Parkinson. Y podríamos estar seguros de que cuando la gente lo aprenda, como en algún momento lo hará, la mayoría, en lugar de estar escandalizada, estará de acuerdo. ¿O no?

¿Hasta qué punto la búsqueda de Musk es una búsqueda anti-humana?

Sea lo que sea que pensemos sobre esto o incluso más allá de lo que Elon Musk y Neuralink logren en el ámbito neuro-científico, parece que el transhumanismo es algo inminente, y la gente se irá acostumbrado poco a poco a él. Recordemos que antes había mucha timidez con respecto a la cirugía ocular con láseres, pero ya unos años después, a finales de los años 90s, era recurrente en los hospitales del primer mundo y aproximadamente 20.000 personas se practicaban dicho procedimiento al año.

Foto: vía Medium.

Hoy, ya prácticamente no existe discusión sobre eso, y ese número ha crecido a 2 millones de cirugías oculares con láser al año. Una historia similar sucedió con los marcapasos, los desfibriladores y los trasplantes de órganos, que al principio la gente consideró un concepto francamente “frankensteiniano”. Ah, y probablemente vaya a suceder lo mismo con los trasplantes parciales o totales de cerebro (aunque este debate es un poco más complicado).

La otra gran pregunta sobre el tema es:

¿Cómo Elon Musk convertirá esto en un negocio?

A diferencia de Open AI, Neuralink es una empresa con fines de lucro, lo que significa que debería tener un plan de negocios. Y sí, de hecho lo tiene. A futuro, esta empresa pretende sacar al mercado productos de interface cerebro-maquina que se puedan utilizar para aliviar dolencias convencionales o incluso complejas.

Neuralink tiene el potencial de acelerar rápidamente el desarrollo de un “cordón neural”, el cual ha sido descrito por el propio Musk como una “capa digital sobre la corteza que podría funcionar bien y simbióticamente” con la persona que lo porta, de una manera similar al concepto de cibercerebro de la serie de anime Ghost in the Shell, aunque en forma de dispositivo auxiliar en lugar de la unidad de alojamiento más invasiva que se ve en el anime (y en la película). Los cordones neuronales actuarían como una interfaz que regularía el intercambio de datos sin permitir un acceso sin restricciones, para evitar que la mente se convierta en “gatos domésticos” para la inteligencia artificial.

Una vez que esta tecnología alcance la madurez, nuestra forma de vida sufrirá una revolución y la tecnología probablemente estará disponible a bajo costo. Se podrían notar los siguientes cambios:

  • Los alumnos podrían “ir a la escuela” simplemente permitiendo que la interfaz “dirija” sus experiencias y pensamientos directamente a la conciencia, en lugar de pasar por el trabajo de leer, escuchar e interpretar los alimentos sensoriales.
  • Una nueva profesión surgiría: trabajadores mentales; con capacitación de bajo costo (patrones alimentados en el cerebro), las personas pueden “arrendar” su “hora mental” según las condiciones que se estipulen entonces.
  • Una vez que los programas y sistemas se desarrollen para interactuar con un gran número de trabajadores mentales, esto se convertiría en una nueva forma de empleo con una sola calificación: una mente especializada en funcionamiento.
  • La comunicación basada en canales mentales sería posible, y abriría las puertas a un nuevo tipo de relaciones.
  • Los sentimientos y los pensamientos se convertirían en productos básicos para el intercambio y la compra, lo que abriría el camino a nuevas industrias, por ejemplo, en el ámbito de los medios y el entretenimiento.
  • Desafíos económicos como la baja productividad y la polarización del mercado laboral se aliviarían y como resultado, se disminuiría notoriamente la desigualdad y la brecha entre ricos y pobres se habría minimizado aún más.

Estas son sólo unas pocas ideas de lo que podría ocurrir en un escenario como este, pero lo cierto es que nuestras vidas serían radicalmente distintas a como lo son en la actualidad. Y es que es precisamente ésa la consecuencia natural de los grandes avances de la tecnología y Neuralink no será la excepción a la regla.

Aunque, claro, esto no se viene sin controversias de orden económico. Generalmente, quienes critican a Elon Musk tienen un argumento poderoso, y es que el hombre se ha convertido en una de las 100 personas más ricas del planeta (de acuerdo con Forbes) a punta de inversiones de terceros en empresas que aún no han podido recuperar sus inversiones. Por eso, el modelo de Neuralink está aún menos claro que el de Tesla o el de SpaceX, pues se supone que sus resultados se verán en un largo plazo, pero nadie está exactamente seguro de cuándo y, hasta entonces, ninguno de los accionistas de la empresa verá retorno alguno de su aporte.

Pero nos gustaría saber tu opinión al respecto. Velo desde este punto: si Elon no fuese conocido y fuera al programa Shark Tank con la idea de Neuralink, ¿crees que recibiría apoyo de los tiburones o no? Y si todo llega a funcionar bien ¿te conectarías?

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